por José Alcalá

Tengo entendido que un pueblo de Córdoba inspiró la realización de esta película. ¿Recuerdas su nombre? ¿Qué tenía de especial aquel pueblo? En realidad, ¡ni sé cómo se llama! Un amigo, coguionista de esta peli, Sebastián Cortés, había viajado de vacaciones a un pueblito de Córdoba, muy pequeño, y al regreso me contaba de su viaje que era un lugar de poquitas casas, medio siniestro, que odiaba a todos, que sería maravilloso para filmar algo... Y en esa misma charla empezamos a delirar y armamos el esqueleto de la historia. Así que para mí, es un pueblo abstracto por completo, del que nunca supe el nombre, y que solo se me armó a partir del relato de Seba, y del tipo de collages que arma la memoria cuando creemos que estamos visualizando algo que nunca vimos, que son cachos de cosas que vimos pegoteadas de modos extraños. ¿Por qué elegiste interpretar el papel de Aarón, el cura del pueblo? En realidad hasta último momento intenté que lo interpretase otro actor. Probé con uno, era demasiado caro; otro, no podía; otro, tenía obra de teatro y serie de tv; cuando ya faltaba muy poco para comenzar el rodaje, y con problemas económicos severos, decidí hacerlo yo, contra la opinión de todo el entorno, porque podía dejar de poner mi atención en buscar actor, y porque me ahorraría unos buenos pesos que lo bien que me venía. A mí me gusta cada tanto actuar, y si bien no tengo grandes herramientas para dar profundidad a un personaje, me daba la sensación de que mi cara podía ser la de Aarón. Y bueno, ahí fui. Un amigo, Ale Catalán, me dio una mano, y luego mi mujer, Macarena García Lenzi, que es directora de teatro, también me ayudó a prepararlo. Con Luis Ziembrawski ya habías trabajado en anteriores proyectos, pero ¿cómo fue la elección del resto del reparto? Luis estuvo como el protagonista desde esa noche en que delineamos el esqueleto de la peli con Sebastián Cortés. Siempre pensamos en él para Raulo. La presencia de Marilú Marini fue una especie de milagro. Le acerqué el guion sin demasiada expectativa de que pudiera interesarse por semejante salvajada y me sorprendió. Ella es una grande de verdad, cuando vio que había en el guion buen material para trabajar y en el equipo buena disposición para profundizar, se prendió. Y la rompió, su trabajo es magistral. Después, la mayor parte de los actores son gente con mucha experiencia, con algunos ya había trabajado, como es el caso de Luis Aranosky, al que le propuse llevarlo a otro lugar que aquel en que suele afirmarse para hacer sus personajes, o Lola Berthet, que es una grandísima actriz, Sergio Boris, etcétera; actores buenísimos que por suerte quisieron participar, aún en papeles más pequeños que lo que acostumbran. Y Paula Brasca fue la gran revelación, una actriz jovencísima y talentosísima, que logró darle al complicado personaje de Roberta su expresión perfecta. ¿Qué sociedad quieres retratar a través de los pintorescos habitantes de "El escondido”? La nuestra. Las nuestras. La humana. Aquella en que los más fuertes tratan de beneficiarse de las posibilidades de los más débiles, que los poderes públicos son utilizados para beneficios particulares, que lo más beneficioso para los que manejan el movimiento de la comunidad es que los dominados no accedan a las lógicas de los dominantes. Pero eso implica riesgos en los que a los mismos dominantes les puede ir la vida. Quizás el tercer acto es el que le otorga a El eslabón podrido el título de película de género de terror. Un gran contraste en tono con el resto del film. ¿Originalmente esta era tu idea o fue cobrando forma ese final a lo largo de su escritura? Es cierto lo que decís. En realidad esta idea, cuando la empezamos a desarrollar, estaba mucho más teñida de horror, gore y sexo, era mucho más exploitation. Pero pasaron varios años entre ese primer desarrollo y el momento en que pude hacerla, y en ese tiempo mis propios gustos e intereses fueron cambiando, y me encontré con que ese material podía permitirme dar mayor espacio a un desarrollo de personajes, de tensiones ocultas, de observación de lo cotidiano, sin perder el sesgo de género que tanto me gusta. ¿Cómo ves tu futuro en la industria ahora que tu última película ha tenido tanto éxito en su recorrido por festivales? No lo sé, la verdad. Por el momento lo más importante que me da esta película y su repercusión es afirmarme en la idea de desarrollar una estética y un lenguaje lo más propio posible. Eso en términos de industria no creo que sea algo muy alentador, pero bueno, es lo que me dan ganas. Por otro lado, tampoco es que haya sido un éxito demasiado grande, fuera de la buena respuesta en el circuito de festivales de género. Ojalá me sorprenda, pero no creo: me parece que voy a seguir mi camino particular, pasito a pasito, haciendo las películas que me gustaría ver, que sienta que son representativas de las temáticas y estéticas que más me interesen en el momento de trabajarlas, y que sea lo que los dioses dispongan. Gracias,Javier, te deseamos lo mejor en tus próximos proyectos y mucha suerte.
El eslabón podrido
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